Buscando nuestro Oriente

Conocer el lejano Oriente es un nuevo camino para nosotros, un lugar al que cuando se llega, deja abierto para siempre un nuevo modo de ver nuestro propio mundo. Mucha gente a mi alrededor está, de una forma o de otra, haciendo alguna actividad que tiene algo que ver con el mundo oriental: tomar clases de yoga, practicar tai chi, hacer kárate, aprender chino, leer sobre la filosofía china o india, etc… Como en una búsqueda por conocer nuestro lado oriental desde Occidente.

Precisamente, en estos días en Nueva York tiene lugar la Asian Week, un evento centrado en el intercambio y la proyección del arte asiático. Algunos de los mejores especialistas del arte asiático se dan cita cada año para presentar nuevas obras e investigaciones, conocer las tendencias del mercado del arte y conectar con una amplia red de coleccionistas y connaisseurs. Más allá de porcelanas y jarrones, los invitados a este encuentro representan ese nuevo Oriente, moderno y brillante que se está materializando a pasos agigantados. Así, además de sociedades neoyorkinas encaminadas a encauzar esta pasión en el país norteamericano como son la Asia Society, el China Institute  , la Japanese Art Society of America, la Taiwan Academy  o el Corean Cultural Center; también han estado presentes centros tan importantes como el Museo de arte de Filadelfia  o el Museo Noguchi . Finalmente, las universidades más prestigiosas al otro lado del Atlántico tampoco se han querido perder la cita y tanto la Universidad de Princetown como la Universidad de Yale  han aportado su grano de arena a este evento.

Este tipo de encuentros son los que nos dan muestra del intercambio cultural,  sin precedentes en cuanto a velocidad, cantidad y globalidad  que se está llevando a cabo ante nuestros ojos. Sin embargo, y es aquí donde comienza nuestro viaje, es sorprendente encontrar ejemplos de esos mismos intercambios hace cientos de años cuando el mundo aún era desconocido e inabarcable…

Hasekura Tsunenaga en Roma. Deruet, C. (1615).

Buscando ese lado oriental desde Occidente la historia se produjo a la inversa cuando en el año 1613 un poderoso señor feudal del noroeste de Japón, Date Masamune, ordenó la construcción de un barco en el puerto de Tsukinoura (Ishinomaki, provincia de Miyagi). Este barco fue el primer buque construido por japoneses siguiendo un modelo occidental y su misión era servir de transporte para una embajada oriental con destino al “lejano” Occidente europeo.

El 28 de octubre de 1613 embarcaron los integrantes de la Embajada Keicho. Esta misión estaba liderada por Hasekura Tsunenaga, samurái del señorío de Sendai y lugarteniente de Date Masamune. En apoyo de Hasekura Tsunenga, la embajada japonesa contaba además con la presencia del padre franciscano, de origen sevillano, Luis Sotelo.

El resto de la delegación estaba compuesta por unos 140 japoneses –muchos de ellos samuráis- como integrantes de la misión diplomática y un número desconocido de comerciantes, interesados en potenciar el comercio japonés con la Nueva España (territorios españoles en Norteamérica, Centroamérica, Asia y Oceanía). Tras 90 días de navegación con escasos contratiempos, el galeón arribó a las costas de Acapulco (México) el 25 de enero de 1614.

La ciudad de México tuvo que resultar un contraste embriagador para los japoneses, que pasaron la época de la Semana Santa por la zona.  La embajada continuó su ruta por tierra en dirección a las costas del Océano Atlántico y nuevamente embarcados siguieron su periplo hacia la península ibérica. Tras la travesía por el Océano Atlántico, la Embajada Keicho alcanzó la costa española en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) el 5 de octubre de 1614. Se cumplía casi un año desde su partida de Japón.

La Embajada de Hasekura Tsunenaga en Roma, Sala Regia, Palazzo Quirinale, Roma. Dominio público. (2006)

Dos galeras fluviales transportaron a los miembros de la Embajada Keicho por el río Guadalquivir hasta la localidad de Coria del Río, donde fueron hospedados y colmados de regalos. Allí aguardaron la conclusión de los preparativos para su entrada en la ciudad de Sevilla, que tuvo lugar el 21 de octubre de 1614.

Sevilla se engalanó para este acontecimiento y la comitiva fue recibida por miles de personas, carrozas y caballos a su entrada en la ciudad por el popular puente de Triana. Los sevillanos acompañaron a la embajada hasta su llegada a los Reales Alcázares, la residencia asignada por las autoridades para su estancia en la ciudad. El contraste cultural de los japoneses entrando en este palacio de origen oriental, construido en gran parte por un rey de Occidente pero con artesanos mudéjares, es un momento que precede a nuestra globalización actual de una manera muy singular…

Aún, hoy en día, podemos encontrar el recuerdo de la estancia de la Embajada Keicho en Sevilla, de hecho, se conserva la carta remitida por Date Masamune a la ciudad de Sevilla. Este mensaje que atravesó el mundo, entregado por Hasekura a las autoridades sevillanas, es un precedente muy especial del vínculo que existe entre dos mundos muy lejanos que llegaron a encontrarse.

Un mes permanecieron en Sevilla y después prosiguieron su viaje con destino a Madrid. Felipe III, recibió a Hasekura en una solemne audiencia el 30 de enero de 1614. Hasekura manifestó el deseo de su señor Date Masamune de ofrecer su amistad a Felipe III y establecer relaciones comerciales entre Japón y España. Durante esta estancia, Hasekura fue bautizado en presencia del propio rey, la familia real y toda la corte. Con esta ceremonia el samurái recibió el nombre cristiano de Felipe Francisco Hasekura.  Culturalmente esta era la forma de ser aceptado en aquella época tanto dentro de la tradición popular como en la misma corte.

Título de ciudadanía romana concedido a Hasekura Tsunenaga, 1615. Dominio público 2015.

Al finalizar esta etapa en Madrid, continuaron su viaje con destino a Italia donde Hasekura y el fraile jesuita Luis Sotelo fueron recibidos en audiencia por el papa Paulo V. El Senado Romano otorgó a Hasekura Tsunenaga el título honorario de Ciudadano Romano. Un recuerdo de ese momento único es el fresco conservado en el Palazzo del Quirinale de la capital italiana. De vuelta a España, ultimaron de nuevo en Sevilla los preparativos para la vuelta a Japón en junio de 1616.

No obstante, algunos integrantes de esta embajada decidieron permanecer en Andalucía. Esto explica que en la actualidad, y especialmente en la localidad de Coria del Río, encontremos personas que portan el apellido “Japón”. Este detalle sirve para identificar a los descendientes de aquellos japoneses que decidieron quedarse en España y que acabaron casándose con mujeres españolas. Tras navegar nuevamente rumbo a América y después de una breve parada en las Islas Filipinas, la Embajada Keicho regresó a Japón en agosto de 1620.

Al igual que ocurre con los primeros años de su vida y juventud, poco sabemos de los años finales de Hasekura Tsunenaga. El samurái falleció dos años después de regresar a Sendai (en 1622) siendo enterrado en el Templo budista de Enfukuji, en Miyagi, donde su tumba es aún visible en la actualidad.  Los descendientes de esta historia, imagino que cuando vayan a este lugar, sentirán como están ante su lado oriental, al otro lado de su misma identidad.

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