Hispanismo de ida y vuelta

Como ya hiciera con la exposición sobre el Hermitage  en 2012, el Museo del Prado recibe en sus salones a un invitado muy especial desde el otro lado del Atlántico. La Hispanic Society of América  torna su vista a la madre patria y como un hijo pródigo visita la capital con una selección de sus mejores tesoros.

Mapa del mundo, 1526. Vespucci, J.

La muestra, “Tesoros de la Hispanic Society. Visiones del mundo hispánico”, que abrió sus puertas el pasado 4 de abril, se podrá visitar en el Museo del Prado hasta el próximo 10 de septiembre.  Con más de 18.000 piezas que datan desde la época paleolítica hasta la modernidad, se trata de una de las mayores colecciones de arte hispánico del mundo, no sólo por su variedad plástica, sino por la amplitud geográfica que cubre al incluir elementos y autores de América, Portugal y Filipinas. En sus orígenes está la figura del filántropo estadounidense Archer Milton Hungtinton  que, como si de una novela de Henry James se tratara, representa a la perfección la historia del típico millonario norteamericano fascinado con la Vieja Europa.

España, tendencia al otro lado del Atlántico

Postal que muestra la Giralda de Madison Square Garden, construida en 1890 en Nueva York y derruida tan sólo 35 años después.

El convulso siglo XIX no pondría a España en el mapa de los países más industrializados del continente sin embargo sí que lo hizo en el de los lugares a visitar. Los viajeros románticos se convirtieron en expertos en marketing turístico y nuestro país se convirtió en ese lugar al que los apasionados por el “orientalismo” podían acudir para palpar en primera persona tradiciones atávicas y ruinas de imperios caducos antes de volver a su cómoda vida burguesa en las grandes urbes que ya se consolidaban por media Europa.  Mucho se ha dicho de esta primera imagen que se exportó de España al mundo y mucho queda de ella. Y es que las impresiones de Richard Ford, Prosper de Merimèe, Gustav Dorè, Lord Byron  o Washington Irving, por poner solo unos ejemplos, siguen siendo la base de ese “Spain is different” que tanto nos ha marcado. Precisamente la obra de éste último, autor de los célebres “Cuentos de la Alhambra”, fue determinante en esta pasión por lo hispano que se convirtió en moda entre las clases acomodadas norteamericanas de finales del siglo XIX.

Pero si hubo una respuesta realmente curiosa a este ‘fenómeno fan’ fue la de las réplicas de la Giralda que comenzaron a brotar en distintas ciudades estadounidenses, así como la posterior Mediterranean Revival Architecture con la que los actores del Star System de Hollywood poblaron las colinas de Beverly Hills.

Algo más que fortuna

Probablemente marcado por el espíritu de la época, el joven Archer Milton Hungtinton  cultivó su pasión por la cultura desde muy joven, obteniendo una exquisita formación en humanidades e historia. El fundador de la Hispanic Society of America nació, eso sí, en el lugar adecuado ya que su padrastro, un magnate de los ferrocarriles, le legó una inmensa fortuna con tan sólo 30 años lo que le permitió poder desarrollar su pasión por la arqueología y el coleccionismo sin problemas. Tal fue su fervor por todo lo español que el joven Archer llegó incluso a escribir versos en la lengua de Cervantes, sin embargo no fueron sus palabras las que le garantizarían un puesto en el panteón de hombres de cultura, sino la creación en 1908 de su anhelado “Museo español”, es decir, la Hispanic Society Museum & Library. Los libros, sí fueron, de todos modos la base de su legado y es que fue con una biblioteca especializada de cerca de 2000 obras –algunas de ellas incunables de gran valor- como Archer Milton emprendió su gran sueño.

Con un comienzo discreto, ya que la sociedad abrió sus puertas con sólo 40 piezas  en un palacete situado en el Upper Manhattan, Archer en seguida afianzó su apuesta con la adquisición de grandes como Velázquez, el Greco o Goya. A diferencia de otros magnates neoyorquinos contemporáneos como Rockefeller o Hearst, Archer Milton siempre trató de mantener a raya su propio ego  –no en vano en su fundación no aparece su nombre-, adquirió siempre piezas que ya estaban disponibles en el mercado internacional, evitando así casos de expolio, y promovió la actividad de autores españoles contemporáneos a través del mecenazgo como fueron los casos de Joaquín Sorolla  e Ignacio Zuloaga  con el que entablaría una buena amistad.

Sevilla. El baile, 1915. Sorolla, J.

Precisamente, fruto de una de estas colaboraciones fue Visión de España, una colosal obra compuesta por 14 paneles que la Hispanic Society encargó a Sorolla para decorar la biblioteca de la fundación. Con la Feria de Abril aún reciente no podemos dejar de cerrar esta historia con una de estas escenas que Sorolla captó sin diafragma ni obturador.

En Sevilla. El baile (1915), el valenciano muestra una celebración de una fiesta de Cruz de Mayo en un patio sevillano donde varias chicas lucen trajes, mantones, sombreros y movimientos que, curiosamente, y a pesar del tiempo siguen siendo cada año trending topic.

 

 

 

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