New-old Ways of learning a language: Association and interactivity

“Language is acoustical, not intellectual.” – Berty Segal

I can just imagine the reaction of my students reading this quote: “What? This guy has never tried to squeeze phrasal verbs into his brain!” Quite likely. But still, he has a point. Intellectual has to be the way of teaching the language, not the way of learning it. And this week we are lucky enough to host the #29th Annual EAIE (European Association for International Education) Conference and Exhibition in Seville, and language plays a significant role in their programme.

Not only, they say, is language important for new job opportunities, but also for rejecting cultural stereotypes and developing new, more solid, economies. Whereas its relevance and consequences will be exhaustively explained in the conference, the fact itself of achieving multilingualism still poses a sometimes demotivating challenge to many learners. Good news is, you can easily learn by forgetting. You have understood well.

The authorship of this theory belongs to Stephen Krashen, a well-known academic of Second Language Acquisition in the 70s. He claims that if our brain is completely engaged in completing a communicative task, such as presenting your own invention, understanding a recipe or talking about your feelings, the right hemisphere is involved. This means we activate all our problem solving, emotional and creative skills.

But most importantly it means we lower a very dangerous element (contained in the opposite hemisphere) which is called “affective filter”. The affective filter represents all our moments of shame and fear of failure. It reminds us of all the times we were wrong and we made mistakes. No wonder, it is contained in the left hemisphere, the rational part of the brain. This is where we store the information we learn by induction; that is to say because someone told us (a teacher, for example), or because we have read it somewhere (a grammar book, for example). It is an essential part of the brain as all this information has to be stored eventually, but nothing stays in the left hemisphere forever. We have to move it to the right hemisphere if we want to remember it, that is to say we have to automatize it. How do we do this? Exactly the same way you learn to walk or play an instrument, simply by doing it.

So, whenever you have the chance of just throwing yourself into a cooking class, a debate, a mock editorial board, a drawing school or just a chat in a bar, don’t think twice. Don’t think at all, forget you’re learning and just do it. You will be learning something new, and assimilating new experiences that will become knowledge!

Nuevas y viejas formas de aprender: Asociación e interactiviad

“El lenguaje es acústico, no intelectual”. – Berty Segal

Puedo imaginarme la reacción de mis estudiantes al leer esta cita: “¿Qué? ¡Seguro que este hombre nunca intentó aprenderse los phrasal verbs!”. Es posible, pero aun así, Segal está en lo cierto. Enseñar de una manera intelectual un idioma es eso, una forma de enseñarlo, pero no debe de ser la única manera de aprenderlo. Y es que esta semana tenemos la suerte de albergar la vigésima novena Conferencia y Exposición EAIE (Asociación Europea para la Formación Internacional) en Sevilla, y el idioma juega un papel significativo en su programa.

En estas conferencias se está tratando no sólo de la importancia de aprender idiomas para obtener oportunidades laborales, sino también para desterrar para siempre tópicos culturales y desarrollar economías nuevas y más sólidas. Aprender idiomas de una u otra forma tiene una relevancia y sus propias consecuencias, el hecho en sí de alcanzar un multilingüismo ideal representa todavía un reto y, a veces, es poco motivador para muchos estudiantes aprender de una forma exclusiamente teórica. Las buenas noticias que nos presentan las nuevas técnicas pedagógicas es que se puede aprender fácilmente olvidando. Sí, habéis leído bien, las nuevas teorías así lo indican.

La autoría de esta teoría pertenece a Stephen Krashen, un notorio académico de Aprendizajes en Segundas Lenguas de los años setenta. Él sostiene que si nuestro cerebro está completamente imbuido en llevar a cabo una tarea comunicativa como puede ser presentar tu propia invención, entender una receta de cocina o expresar a alguien tus sentimientos, tu hemisferio derecho está involucrado en esta tarea. Con esto se quiere decir que nuestras capacidades de resolución, emocionales y creativas están activas.

Pero, más importante aún, esto significa que reducimos un elemento muy peligroso (que se encuentra en el hemisferio izquierdo) llamado “filtro afectivo”. El filtro afectivo representa todos nuestros momentos de vergüenza y miedo a equivocarnos acumulados en nuestra vida. Nos recuerda todas las veces que nos equivocamos y cometimos errores. No es de extrañar que esta “vergüenza” y “miedos” se almacenen en nuestro hemisferio izquierdo, ya que es la parte racional del cerebro. Aquí es donde almacenamos las informaciones que aprendimos de manera inductiva; es decir por qué alquien nos lo dijo (una profesora, por ejemplo) o por qué lo leímos en algún lado (un libro de gramática, por ejemplo). Es una parte esencial del cerebro, ya que toda la informacion tiene que ser almacenada con el tiempo, pero nada se queda en el hemisferio izuierdo para siempre. Si queremos recordarlo, lo tenemos que pasar al hemisferio derecho, es decir, tenemos que automatizarlo. ¿Cómo lo hacemos? Exactamente de la misma manera que aprendemos a caminar o a tocar un instrumento, simplemente haciéndolo.

En conclusión, cuando tengas la ocasión de lanzarte a una clase de cocina, un debate, una editorial simulada, una escuela de dibujo o simplemente una charla en un bar, no te lo pienses dos veces. No te lo pienses y olvídate de estar aprendiendo algo nuevo, de esta forma será más fácil la asimilación de nuevas experiencias y nuevos conocimientos.

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